Nelson Mandela afirma que la Educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo y sin duda tiene razón. La educación es uno de los derechos fundamentales que facilita no sólo nuestro desarrollo integral como personas, sino que nos proporciona los instrumentos para participar de forma crítica y comprometida en este tiempo en el que vivimos.
Un tiempo complejo y apasionante donde a diario nos enfrentamos a los desafíos de una sociedad que se transforma a un ritmo trepidante. La globalización, las nuevas tecnologías, el medio ambiente, la inmigración, la salud, la paz, las desigualdades Norte-Sur, la igualdad entre hombres y mujeres, los derechos de las personas con discapacidad, son algunas de las realidades que vivenciamos de forma cotidiana y tangible. Por tanto, cuando hablamos de Educación en Valores no se trata de trabajar con conflictos que observamos de forma lejana y ajena, sino que se trata de formarnos para responder como ciudadanos y ciudadanas a situaciones que vivimos a cada minuto en nuestras aulas, en los barrios o en las familias.
Se trata de lograr que nuestras convicciones, actitudes y acciones contribuyan a construir una sociedad más justa, sostenible, equitativa y solidaria. Y se trata de relacionar lo que ocurre en nuestro entorno con una mirada más universal que nos vincule con el conjunto de la humanidad.
Se trata por tanto de pensar globalmente para actuar localmente desde la convicción de que otro mundo es posible.
Nuestros alumnos y alumnas descubren el mundo y desde muy pequeños empiezan a hacerse grandes preguntas: ¿todos somos iguales?, ¿qué es la Paz?, ¿las chicas y los chicos podemos hacer las mismas cosas?, ¿existe el racismo?, ¿qué es comer sano?, ¿por qué tenemos que cuidar el medio ambiente?... Sin duda, acompañarles en esta exploración del mundo es parte del apasionante oficio de educar.
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