
Parece adecuado no separar entre los instrumentos para la evaluación del proceso de enseñanza y los que se refieren al proceso de aprendizaje, ya que la mayoría de ellos pueden utilizarse indistintamente, y será en cada momento cuando habrá que decidir el uso que se le pretende dar, sin confundir la toma de datos con la evaluación en sí. La toma (procedimientos) de datos (indicadores) sirve para la posterior valoración, sin olvidar que evaluar significa también tomar decisiones de ajuste en función de la valoración realizada previamente.
Los procedimientos e instrumentos de evaluación nos servirán para recoger la información en determinados momentos y actividades, para poder valorarla posteriormente en relación con los indicadores de evaluación establecidos, en función de los criterios de evaluación secuenciados para cada área en la concreción curricular. Indicadores, y procedimientos e instrumentos de evaluación se establecen sólo en las Unidades Didácticas y en función de estás se escogerán unos u otros.
La selección que debe hacer cada profesional de los instrumentos y técnicas de recogida de datos deben de estar en función de lo que se desea evaluar, de la información que es necesaria para ello y de las situaciones en que se va a evaluar.
La observación directa y sistemática constituye la técnica principal de la recogida de información en el proceso de evaluación, aunque también hay otras:
Diario del profesor o profesora
Resulta muy difícil delimitar o separar los aspectos de enseñanza y de aprendizaje en la práctica cotidiana. Así, por ejemplo, cuando se trata de recoger información sobre cómo se mantiene el orden en el aula sin perder el clima afectivo, es muy difícil tomar separadamente las observaciones que se hacen sobre la actitud del maestro y los aprendizajes que realizan niñas y niños del grupo; posteriormente, sin embargo, se puede hacer esta diferencia a la hora de valorar y extraer conclusiones para nuevas situaciones educativas.
Esta afirmación no impide que en el diario cada profesional deba sistematizar la recogida de información, procurando determinar lo que se refiere a momentos concretos o generales, situaciones directas o indirectas de evaluación, aspectos de enseñanza o de aprendizaje, información individual o de grupo, etc.; tal sistematización ayuda a complementar, no a eliminar, los aspectos más cualitativos del proceso de enseñanza y aprendizaje y permitirá contrastar esta información con la de otras fuentes.
Escalas de observación
En Educación Infantil se puede afirmar que la observación no se da de forma aislada, sino que está en la base de los instrumentos y técnicas evaluativas. A veces se puede elaborar un listado de actividades, conductas e incluso contenidos, para verificar su identificación en momentos o situaciones determinadas. Así, por ejemplo, desde la utilización del cepillo de dientes o de la cuchara hasta el grado de participación en trabajos de grupo pueden ser aspectos sobre los que interese tener un instrumento previo para su verificación.
Se pueden elaborar, en esta misma línea, gráficos espaciales en los que anotar la presencia repetida de algunos niños o niñas, movimientos más comunes, etc. Sin negar su validez, presenta el problema doble de que se verifican resultados y no procesos, y que la calidad e incluso el grado de consecución del resultado son más difíciles de verificar.
Estas informaciones deben ser contrastadas en profundidad con otras con las que se responda a tales cuestiones, para evitar el riesgo de quedarse en una información cuantitativa, muy incompleta y posiblemente sesgada; todo profesional sabe, por ejemplo, que la actitud y presencia del adulto puede condicionar de modo importante el resultado de estas escalas de observación.
Entrevista
La existencia de una relación individualizada con las madres y padres nos permite no sólo obtener una información muy importante para la escuela (complementaria de la del maestro), sino que posibilita la creación de un clima de cooperación importante, que a su vez se puede traducir en participación activa en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Es importante diferenciar claramente la vertiente de recogida y entrega de información con la de relación individualizada con los padres, tan necesaria en la etapa. En la planificación de las entrevistas es importante recoger los dos aspectos. Recibir o dar información solamente puede convertir las entrevistas en algo frío que puede dificultar tanto la relación como la misma recogida de información, pues los padres se inhiben o bloquean. Por el contrario, si no se tiene claro qué información, se quiere recoger o facilitar, la entrevista se puede convertir en una charla amena, pero carente de contenido. Lo más adecuado es guardar el equilibrio.
La entrevista ha de planificarse como cualquier otro instrumento, y en esta fase se deberán considerar todos los pasos: qué se va a comunicar o qué se precisa conocer, cómo se va a hacer esto y cuándo es más adecuado abordarlo. Por ejemplo, la utilización de encuestas o formularios estandarizados para recabar o entregar información no siempre es adecuada para las dos partes.
En Educación Infantil es fundamental crear un clima de seguridad y confianza, y la entrevista constituye un recurso fundamental para los maestros y maestras. Establecer una relación en la que los padres se consideran valorados como educadores y poseedores de una información valiosa e indispensable para el maestro, es la mejor forma de que ésta sea un verdadero instrumento de evaluación.
Observación externa
La participación en el proceso de evaluación de personas que no participan directamente en la actividad escolar permite la existencia de información, e incluso valoraciones, de carácter complementario, pero que pueden ser muy útiles por la perspectiva diversa que representan.
Así, la colaboración con madres y padres en salidas o talleres, por ejemplo, la posible existencia de un observador externo (maestra de apoyo especialista Educación Infantil) para situaciones puntuales, la participación de maestros o maestras de otros grupos en momentos específicos, la colaboración con los responsables de servicios o instituciones a los que la escuela acude, como las granjas/escuelas y otras muchas, son fuentes de información muy valio¬sa, pues sirven de contraste y ayuda.
Este instrumento de observación resulta muy valioso para recoger datos sobre el proceso de enseñanza, que puede completar la autoevaluación que realiza el profesional.
Conversación
La posibilidad de hablar y escuchar a los niños y niñas del grupo, individual o colectivamente, permite recoger una importante cantidad de información en las situaciones más diversas, lo que hace de ella un instrumento básico de observación.
Desde la presencia de actitudes, sensaciones o emociones hasta la existencia de errores, desde el desarrollo de algunos conceptos hasta el relato de sus experiencias más importantes, desde su propia imagen hasta la idea sobre los demás son algunos de los aspectos que pueden aparecer en una conversación; a todo ello se añade que pueden darse en situaciones muy dirigidas o completamente espontáneas, lo que aumenta su posible riqueza.
Conviene tener en cuenta, sin embargo, la fugacidad de las observaciones y la fuerte incidencia que pueden tener tales conversaciones sobre el adulto, de modo que se sesgaría la información; una conversación forzada en exceso puede inducir a respuestas muy condicionadas, por ejemplo.
Técnicas audiovisuales
Es importante tener presente este tipo de medios, que más que un instrumento en sí son procedimientos para registrar la observación; la facilidad de manejo, su potencialidad como receptores de la información y la permanencia de esta información hacen de ellos técnicas de observación, en la medida de las posibilidades, que el maestro ha de utilizar.
Así, por ejemplo, la fugacidad de una conversación se puede atenuar con su grabación a través del Mp3 o en vídeo por medio del teléfono móvil; las actitudes del adulto pueden quedar reflejadas para su posterior análisis en una grabación.
Observación de grupo
La necesidad de observar al grupo, complementariamente con los individuos, exige pensar en instrumentos específicos para ello. Los juegos colectivos, proyectos que exijan la colaboración de varios miembros, distintas pruebas sociométricas, actividades de dramatización sobre relaciones, etc., pueden ser instrumentos que permitan obtener información sobre la configuración del grupo, al tiempo que sobre la incidencia del adulto.
Juego
La importancia del juego en el desarrollo del niño o niña, como actividad profundamente motivadora y que engloba casi todos los aspectos del aprendizaje, hace de estas situaciones instrumentos muy adecuados para obtener información significativa, sea en momentos de juego espontáneo o dirigido.
Producciones
El análisis de los trabajos realizados por los niños y niñas de la escuela es otro de los elementos importantes para obtener información sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, hay que enfatizar que el "producto", como resultado final, no debe ser observado aisladamente, sino enmarcado en el proceso y circunstancias en las que se ha desarrollado.
Así, por ejemplo, hay que tener en cuenta lo que se pretendía al comenzar la tarea, posibles estrategias que se han podido utilizar para llegar al final, qué elementos se han utilizado, con qué grado de interacción, qué actitud ha tenido el adulto, y otros que van a situar adecuadamente el trabajo concreto.
Autoevaluación
Es importante tener en cuenta que la autoevaluación no tiene que ser siempre intencionada para que exista. En esta etapa los niños y niñas hacen frecuentemente evaluaciones de sus actividades, aunque no exista intencionalidad directa. El maestro o la maestra tratará de utilizar esta información e ir posibilitando que adquiera un carácter más continuo y sistemático.
Los datos, comentarios, juicios de valor, etc., que hacen niños y niñas sobre una salida, por ejemplo, tienen un carácter espontáneo importante, pero pueden completarse en una asamblea posterior, donde el grupo expone cómo le ha resultado la actividad.
De igual modo, la autoevaluación es un instrumento básico para observar, valorar y sacar conclusiones sobre el proceso de enseñanza, aunque no deba ser el único.
Informes
Resulta casi obvio decir que los informes de anteriores profesionales que hayan estado con el niño o la niña, en el centro o fuera de él, son instrumentos fundamentales para la evaluación.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos informes pueden tener una finalidad muy peculiar (dar respuesta a las necesidades específicas de apoyo educativo, por ejemplo) y que, como es lógico, sólo incluyen la valoración y conclusiones de la evaluación; sin que ello signifique cuestionar su veracidad, habrá que tratar de incluir esta información con un cierto contraste en la evaluación inicial, para completarla lo más posible.