…¿Todos los contenidos pueden o deben abordarse integrando diferentes áreas? ¿Hay contenidos que normalmente no se trabajan de forma integrada?, ¿cuáles?, ¿por qué?
Todas éstas son preguntas que aluden a la organización y secuencia de contenidos. Sería deseable que fuesen debatidas durante el proceso de elaboración o revisión de las concreciones de los currículos, puesto que su respuesta atañe al conjunto del equipo educativo e imprime al centro un estilo propio y, en cualquier caso, deben abordarse al elaborar la Programación del ciclo.
Parece oportuno que, en el marco de la organización y secuencia de los contenidos, se debata en los claustros y en los equipos de ciclo sobre qué se entiende por globalización. La globalización ha resultado ser como un paraguas a cuyo abrigo se han cobijado prácticas a veces discutibles y cuando menos variadas. Conviene compartir siempre en los equipos significados equivalentes para distintas palabras y, en este sentido, la globalización es sin duda un término que requiere clarificarse.
El tratamiento globalizador no debería asociarse a una forma concreta de organizar los contenidos, llámese ésta unidades didácticas, problemas, proyectos de trabajo, centros de interés o cualquiera de las múltiples denominaciones que suelen utilizarse. El tratamiento globalizador hace referencia a la organización de secuencias didácticas que favorezcan la construcción del conocimiento por parte del alumnado.
En este sentido, globalizar supone que la persona que aprende incorpora los nuevos aprendizajes a su estructura cognitiva, enriqueciendo y diversificando sus esquemas de conocimiento. De este modo, se intenta conseguir que lo aprendido pueda ser utilizado en contextos diferentes a aquellos en que se produjo el aprendizaje. La globalización la realiza pues cada persona al aprender y le corresponde al docente organizar los aprendizajes para que esta globalización pueda producirse. (M.E.C., Proyecto Curricular. Materiales para la Reforma, 1992)
Por ello, no se trata simplemente de trabajar interdisciplinarmente o de forma global los contenidos de las diferentes áreas, sino de organizarlos y presentarlos de manera que se ayude a los niños y a las niñas a establecer conexiones entre sus conocimientos previos y los nuevos aprendizajes, así como entre conocimientos procedentes de áreas diversas. Para ello, es preciso que los integren como consecuencia de que sean necesarios para dar respuesta a un determinado problema. Desde este punto de vista, la mayor parte de las unidades didácticas deberían integrar actitudes, procedimientos y conceptos de varias áreas, porque los problemas o situaciones reales, para ser comprendidos requieren la interrelación de contenidos relacionados con diversas áreas de conocimiento.
Este tipo de enfoque supone una organización de los contenidos en la que se opta por una manera de presentarlos que favorece el aprendizaje significativo, sin necesidad de someterse a una rígida estructuración en torno a las áreas. La lógica de las disciplinas es un referente fundamental para el profesorado, pero en ningún caso puede suponer un corsé que impida adoptar formas de organización de los contenidos más adecuadas para el desarrollo del alumnado de Educación Infantil.